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martes, 17 de febrero de 2009

El Señor Jesús siempre que lo necesites estará contigo, sólo tienes que recibirlo y creer en Él...Busca el camino de la vida eterna...


Pero estrecha es la puerta, y angosto el camino que conduce a la vida,
y son pocos los que la encuentran. (Mateo 7:14)
Un día, mientras caminaba por la calle, un hombre de "éxito", candidato a la presidencia de la República, es trágicamente atropellado por un camión y muere.
Su alma llega al Paraíso y se encuentra en la entrada a San Pedro en persona.
Bienvenido al paraíso, le dice San Pedro. Antes de que te acomodes, parece que hay un problema. Verás, muy raramente un político importante ha llegado aquí y no estamos seguros de qué hacer contigo.
No hay problema, déjame entrar, le dice el hombre.
Me gustaría, pero tengo órdenes desde lo más Alto. Lo que haremos será hacerte pasar un día en el infierno y otro en el Paraíso, y luego podrás elegir donde pasar la eternidad.
De hecho, ya lo he decidido. Prefiero estar en el Paraíso, dice el candidato.
Lo siento, pero tenemos nuestras reglas. Y con esto San Pedro acompaña al candidato al ascensor y baja, baja hasta el infierno.
Las puertas se abren y se encuentra justo en medio de un verde campo de golf. A lo lejos hay un club y de pie delante de él están todos sus amigos políticos que habían trabajado con él, todos vestidos con traje de noche y muy contentos. Corren a saludarlo, lo abrazan y recuerdan los buenos tiempos en los que se enriquecían a costa del pueblo. Juegan un agradable partido de golf y luego por la noche cenan juntos en el club con langosta y caviar. Se encuentra también al Diablo, que de hecho es un tipo muy simpático y se divierte mucho contando chistes y bailando. Se está divirtiendo tanto que, antes de que se de cuenta, es ya hora de irse.
Todos le dan un apretón de manos y lo saludan mientras sube al ascensor. El ascensor sube, sube, sube, y se reabre la puerta del paraíso donde San Pedro lo está esperando.
Ahora es el momento de pasar al paraíso.
Ahí el candidato pasa las 24 horas sucesivas pasando de nube en nube, tocando el arpa y cantando. Se divierte mucho y, antes de que se de cuenta, las 24 horas ya han pasado y San Pedro va a buscarlo.
Entonces, has pasado un día en el infierno y otro en el Paraíso. Ahora debes elegir tu eternidad.
El Hombre reflexiona un momento y luego responde:
Bueno, no lo habría dicho nunca, quiero decir, el Paraíso ha sido precioso, pero creo que he estado mejor en el infierno.
Así que San Pedro lo acompaña hasta el ascensor y otra vez baja, baja, baja, hasta el infierno.
Cuando las puertas del ascensor se abren se encuentra en medio de una tierra desierta cubierta de porquería y desperdicios. Ve a todos sus amigos, vestidos con trapos, que están recogiendo los desperdicios y metiéndolos en bolsas negras.
El Diablo lo alcanza y le pone un brazo en el cuello.
No entiendo, balbucea el Candidato. Ayer estaba aquí y había un campo de golf y un club y comimos langosta y caviar y bailamos y nos divertimos mucho. Ahora todo lo que hay es una tierra desierta llena de desperdicios y mis amigos parecen unos miserables.
El Diablo lo mira, sonríe y dice:
Ayer estábamos en campaña. Hoy, ya votaste por nosotros!!!

REFLEXIÓN: Lo anterior, en cierta forma es un cuento, y puedes estar riendo, pero, así mismo es el comportamiento de los dos reinos hoy aquí en la tierra, el Príncipe de este mundo, Satanás, siempre está en campaña y te muestra los placeres del mundo, su reino, para que tú votes hoy en donde vas a vivir la eternidad. Pero Cristo, a través del Evangelio, te muestra una vida que te parece austera, mas yo te digo que no es así. Todos somos tentados por que la tentación está a la orden del día, es el arma fuerte del príncipe de este mundo, pero Dios nos creó con voluntad y albedrío; y nos ha dado un Espíritu de poder y de dominio propio, el mismo que tuvo Jesús, el Cristo, en el desierto cuando fue tentado por Satanás.
Tu dirás, ¡ah, pero es que Jesucristo es Dios! y por lo tanto no podía ceder a la tentación de Satanás. Jesús fue ciento por ciento hombre, y nadie puede ser tentado de algo a lo que no puede ceder. Existen personas a las que no les gusta la leche, a estas personas les pueden ofrecer a cambio de algo un vaso de leche y no van a ceder porque la leche no les es tentación para ellas. Al hombre no se le puede ofrecer un plato de pasto, porque el pasto no es tentación para él.
El Diablo sabía quién era Jesús, el no lo tentó ignorantemente, y porque sabía que era hombre, sabía que podía ceder y por eso lo tentó.

Los placeres del mundo son efímeros, la eternidad no. En la tierra vivimos a lo sumo 90 años; después de esto sigue la ETERNIDAD. Gálatas 5:19-21 dice: "Las obras de la naturaleza pecaminosa se conocen bien: inmoralidad sexual, impureza y libertinaje; idolatría y brujería; odio, discordia, celos, arrebatos de ira, rivalidades, disensiones, sectarismos y envidia; borracheras, orgías, y otras cosas parecidas. Les advierto ahora, como antes lo hice, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios." (NVI). Otros textos concordantes son: Colosenses 3:5-8 y Apocalipsis 21:8, léelos.

Te invito a que reflexiones sobre tus actos, tu vida. Te invito a que leas LA BIBLIA. Apocalipsis 3:20 "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo."

PENSAMIENTO: Busca la Luz que ilumine tu camino a la eternidad...

1 comentario:

  1. Una noche tuve un sueño.
    Soñé que caminaba por la playa junto al Señor
    y surcaban el cielo escenas de mi vida.
    Por cada escena que pasaba,
    dos pares de pisadas quedaban en la arena.
    Unas eran las mías,las otras del Señor.
    Cuando la última escena de mi vida
    pasó delante de nosotros,
    miré hacia atrás,
    hacia las pisadas de la arena y advertí
    que muchas veces en el camino de mí vida
    habá apenas un par de pisadas en la arena
    Noté que eso también sucedió
    en los momentos más difíceles y angustiosos de mí vivír.
    Eso me molestó de verdad,
    y pregunté entonces al Señor.
    "Señor,tu dijiste
    que una vez que yo resolviera seguirte.
    Tu andarías siempre conmigo,todo el camino,
    pero noté que,durante las mayores tribulaciones de mi vida, había apenas un par de pisadas.
    no comprendo porqué, en las horas que más te necesité.
    tú me dejaste".
    El Señor me respondió:
    "Hijo mío querido.
    Yo te amo.
    Jamás te dejaría en las horas de sufrimientos.
    Cuando víste en la arena.
    Sólo un par de pisadas.
    Fué justamente allí que yo te cargué en mis brazos".

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